La isla anhelada
Un pájaro amarillo llevaba semanas volando sobre el mar. Buscaba una isla donde, le habían dicho, existía una bonita fiesta. Pero pasaban los días y no encontraba un poco de tierra para descansar. Si el pájaro no hubiera visto una isla a lo lejos, hubiera afirmado que el mundo solo era mar e islas lejanas entre sí.
En la isla, solo había un árbol atiborrado de frutos. El pajarito necesitaba alimentarse bien y reponer sus fuerzas. Comió con frugalidad y descansó un momento. Después, descubrió que, en una de las ramas, dormía un pajarito azul. Lo despertó y, después de saludarse, le dijo:
–Ven conmigo. Más adelante, en una isla, hay una bonita fiesta.
El pájaro se entusiasmó y los dos dejaron la isla para dirigirse a la anhelada isla.
Varias semanas, los dos pájaros volaron; y varias semanas no encontraron nada. Ni una gota de tierra. Comenzaban a cansarse, a sentirse incapaces de llegar a la isla anhelada. Avizoraban hacia abajo y recordaban lo peligroso que era caer al mar.
–No te rindas –dijo el primero pájaro –. Hagamos piruetas mientras volamos.
Los dos pájaros comenzaron a divertirse. Sus sonrisas de pájaro aleteaban y aleteaban, a pesar de la adversidad. Por varias semanas, continuaron su vuelo y, a lo lejos, avizoraron una isla. Ahí, encontraron fruta, una rama para descansar y a otro pajarito descansando.
–Ven con nosotros –le dijeron –. Más adelante, en una isla, hay una bonita fiesta.
El pajarito se animó y se unió al grupo. Los tres levantaron vuelo, después de semanas se sintieron cansados e hicieron piruetas para divertirse mientras volaban. Parecía que no encontrarían isla, pero cuando al fin la encontraron fueron felices, a pesar de que no era la isla anhelada.
Los tres pájaros comieron, descansaron e invitaron a otro pájaro que dormía en una rama. La escena se repetía una y otra vez hasta que en el aire volaron más de cien pájaros.
Los pájaros llegaban a islas, lejanas entre sí, sin encontrar la isla anhelada, hasta que uno de los pájaros lo entendió.
–Hagamos una bonita fiesta aquí –dijo el primer pajarito –. Nos divertiremos mucho.
Y así lo hicieron. Las sonrisas de pájaros alegraron la isla.
Después de varios días, un pájaro llegó a la isla anhelada y dijo:
–Había oído de esta isla y volé por varias semanas. Pensé que no existía.
© Adolfo Flores
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