EL DRAGÓN BLANCO, Adolfo Flores
El dragón blanco no pudo volar más y cayó en una isla casi sin vida.
Era tan
orgulloso que, durante varios días, no había querido descansar en alguna isla.
Pero el cansancio no tiene orgullo. Simplemente, el dragón se dejó caer.
¿De dónde
provenía tan majestuosa criatura? Ni el sol tenía la seguridad de saberlo.
¿Hacia qué destino sus alas aleteaban?
Solo lo
vieron caer las criaturas de la isla y se acercaron, maravillados, por la
belleza del dragón blanco.
En la isla
no había mucho, pero aun así estaba dispuestos a ayudar.
Estuvo
inconsciente por varios días.
Lo
observaban con mucha curiosidad, pues era la primera vez que llegaba una
criatura así. Todos fueron bondadosos. Rumiaban alguna planta y la rociaban en
las heridas abiertas.
Las aves
volaban al otro lado de la isla y volvían con plantas extrañas. Se humedecían
el pico con la savia y picoteaban las heridas.
Las heridas
cicatrizaron y dragón blanco volvió a la vida. Sin percatarse de nadie, miró el
vasto cielo y se fue volando. Se fue sin agradecer si quiera, parecían decirse
las criaturas.
Pero
cambiaron de opinión al ver cómo todo florecía a su alrededor. ¿Qué había
sucedido?
No demoraron
en comprender lo que pasaba. La sangre del dragón blanco había agradecido a las
criaturas, pues los dragones nunca dominaron el arte de la cortesía.

esto es arte ( soy Mauricio)
ResponderEliminaresse no soy yo
EliminarBuena Profe
ResponderEliminarexelente microficcion :D pdt: soy mariana xd
ResponderEliminarprofe me gusto su libro soy angel
ResponderEliminarprofe es muy bonita la historia :"D
ResponderEliminarwow (soy Eduardo) :v
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